Siganme los buenos

Good bye cemento


En días me voy a la playa, al mar, a la arena.
Me alejo por un tiempo de la rutina, de las calles de cemento.
Me voy a nadar con tiburones y a comer cangrejos.
A relajar mi mente.
Cinco horas de viaje, sola con mi pensamiento. A reacomodar ideas, a ver si volver y ser la misma vale la pena.
Las noches con estrellas se acabaron,
solo hay nubes decorando el cielo.
La gente ya no camina,
sino que corre a todos lados,
no disfrutan, no viven,
solo corren.
Los niños son adultos en cuerpos pequeños
y los adultos son niños en cuerpos grandes.
Las niñas no juegan con muñecas
se maquillan y salen a bailar.
¿Cuándo comenzó el mundo a caerse en pedazos?
¿Cuándo la inocencia se perdió en lo profundo de un cajón?
Solo quedan los recuerdos de lo que fue, y las ideas de lo que podrá ser.
Aún queda en algunos corazones la idea de mejorar,
de crecer, de madurar.
Aún queda en algunos corazones la esperanza
de darle a este show un gran final.

De la vida a las palabras, La gente

En la esquina del Village de Caballito, estaba tomando un helado con mis amigos. Había demasiada gente en la calle, demasiada para mi gusto. Y ahí fue cuando llegó el momento de pensar, analizar la situación por cinco minutos. Hay mucha gente, demasiada gente. Cada una con su vida, con sus pensamientos, ideales, gustos.
Lo loco de todo esto es que hay tanta gente, y de tanta que hay, no se conocen entre sí. Es la misma situación que un colegio, hay tantos muchachos dando vueltas por ahí, y cuando pienso que los conozco a todos, hay una cara nueva.
Siempre me pongo a pensar ¿Alguien estará haciendo lo mismo que yo? ¿Estará llorando, viendo una película, durmiendo, leyendo un libro, escribiendo o pensado lo mismo que yo?
Hay tantas personas, muchos tipos de personas, los despreocupados, los responsables, los conformes, los inconformes, los enamorados, los de corazones rotos, los que aman el frío y los que lo odian, los golosos, los vegetarianos, los felices y muchos más, todos viviendo en el mismo lugar, al mismo tiempo.
Me encantaría conocer a la gente, saber que piensan, que sienten, que quieren.
Como hoy, en el parque, buscando libros y animes, un pibe que trabaja en un puesto. Se re copó con nosotros, me buscó la serie y se ofreció a buscarnos otras (que no las tenía), pero mientras las esperábamos, empezamos a hablar, y hablar. Terminamos teniendo una clase didáctica de los viajes de egresados: 10 motivos por los que no hay que ir al viaje de egresados. Un pibe re copado, que jamás había visto ¿Cuánta gente buena hay que no conozco? ¿Cuántas conversaciones, emociones, sentimientos no viviré con esa gente?
Tantas preguntas retumban en mi cabezita a la hora de pensar en la gente, que después de todo, es gente, como yo, como mi hermana, como mi mamá, pero me causan una curiosidad muy grande. Que no solo abarca el saber sobre ellas, sino, el hecho de pensar que en algún momento pueden formar parte de mi vida, aunque sean unos minutos, como unos días, meses o años o quizás, más grande aún, quizás alguna de esas personas, sea para mi.